Rompimos el hielo! y si, porque el POTEMKIN no es como el Titanic que se choca un iceberg y se hunde. Si eso un día nos pasa, remaremos sobre los restos para zafar, pero ni locos viajamos por esos mares fríos donde uno no puede mantenerse a flote. Mares gélidos en donde ni siquiera hay gente caminando por la costa, barcazas de pescadores, fiestas en la playa, bikinis… todo lo que un mar navegable debe tener.
A parte el POTEMKIN es un barco mutante, se acoraza cuando es necesario, y en este tiempo lo es, pero hubo épocas, que podemos rememorar en cualquier rato, en donde también era piragua, canoa, velero, cámara de camión flotando en la corriente del río menos profundo. Y además por esas cuestiones misteriosas de la ingeniería naviera que se enseña en las escuelas industriales, el POTEMKIN se transforma en anfibio y arremete por el campo a contra zurco, cruza cerros y hasta cordilleras a fuerza de pedaleo.
De todas esas posibilidades, nos gusta navegar las grietas. Porque en todo el mundo hay grietas, y en todos los tiempos hubo grietas. Esas que separan a “nosotros” de “ellos”. Nos resulta muy interesante transitarlas y espiar desde cubierta que dicen los unos y los otros. Eso sí, enseguida tomamos partido. Siempre hay uno de los dos bandos que nos resulta más simpático.
Vale aclarar que en muchas de esas grietas, la distancia entre orillas es amplia y con playas bajas o acantilados que no permiten el descenso a tierra y la expedición educativa en profundidad. En esos casos, cualquier nadador que se quiera acercar y subir a cubierta es bienvenido. Los relatos de primera mano resultan muy entretenidos para la tripulación.
en fin… zarpamos.
