por Maricel Di Genno
“La invención de Morel” de Adolfo Bioy Casares.
“La invención de Morel” es una novela escrita en 1940 por el argentino Adolfo Bioy Casares. Constituye un clásico de la literatura fantástica argentina. Y en general pasa a ser de las novelas más queridas de quién la haya leído.
Se la considera una ficción científica porque descarta la posibilidad de ser interpretada por nuestro razonamiento común. La protagoniza un narrador que en la ficción se confina en una isla ideal, donde se asienta él en el amor, libre del mundo, entregado a sus propias pasiones. Se la considera una ficción científica porque descarta la posibilidad de ser interpretada por nuestro razonamiento común. Él es Morel. No se clarifica si es una proyección ni la fantasía de una imaginación, ni una realidad y todas las posibles miradas sobre sus hechos se habilitan en el relato. Lo rodea un paisaje filosófico y profundo que lo hace más importante que todas las imágenes y vivencias a las que se abre. Si su autor hubiese visto nuestra actualidad llena de pantallas, de compañías virtuales y soledades absurdas, creo que volvería a escribir la misma historia, sabiendo que su vigencia es inalterable.
¿Cuál es tu isla fantástica? ¿Con quienes estás allí?
La tía Sidonia es una de las protagonistas de los cuentos de Laura Devetach, autora a la que admiro. Por ella bauticé así este espacio. La puedo ver a Sidonia girando en los estantes de una biblioteca que nos identifica, interesada en invitarnos a leer.
Buscando el origen de la palabra “sidonia”, me encontré con diversos hallazgos. Así, por ejemplo, en un manga (historieta japonesa) Sidonia es el nombre de una ciudad utópica y futurista en donde se refugian los héroes. Ahí me gustó más aún el nombre para este vínculo virtual.
Sidón es también una ciudad del Líbano que existe desde la época de los fenicios. De hecho, a los fenicios les decían “sidonios” porque en su origen etimológico está implicada la palabra pesca, labor que sostenía la economía de su vasto imperio. Para comunicarse con otros pueblos y negociar, desarrollaron el primer alfabeto que se conoce, sobre el cual luego se basarían los actuales. Indagando un poco más, descubrí también que en Fenicia existía (y existe todavía hoy, casi 7.000 años después), la ciudad de Biblos, cuna de los primeros libros de los que se tienen registro. Los fenicios, nos dejaron también como legado las palabras biblia, biblioteca y libro, que siempre nos atraviesan como humanidad.
Toda esta introducción es para decirles que una vez más y con un formato de los que hoy nos permiten jugar, invito a leer, a conocer literatura, sobre todo a lo de niño o niña que llevamos adentro.
Hay una parte íntima, que siempre teme alejarse de la infancia. Pero una voz profunda siempre la anima a ocupar su rol, es una voz antigua a la que se me ocurre responderle: -Si, doña, dele no más.
Sidonia. Vueltas sobre bibliotecas.
